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jueves, 16 de febrero de 2012

Salí a dar un paseo por las orillas de Amsterdam cerca de mi casa al día siguiente de que nevara. El sol brillante iluminaba la blancura de la nieve, siempre me ha fascinado y me seguirá fascinado el panorama que se genera despúes de cada nevada, sobre todo cuando los rayos del sol asoman por el horizonte dando un tono fantástico a lo que te rodea, es como si pudieras sólo en esos momentos apreciar la limpieza y la pureza de la ciudad, que aunque parece muerta, sólo esta dormida, esperando despertar de su prolongado letargo, es como si toda la “suciedad “ quedara redimida bajo esa suave capa blanca, que le otorga el perdón y la purifica

Mis pasos continúan por el estrecho sendero, me detengo y observo un robusto árbol a mi lado y aún me emociona ver las blancas ramas entumecidas por minúsculas partículas de cristales de hielo, perfectamente simétricas, que cubre su delicada piel desnuda y dejan escapar pequeňos destellos de luz solar, e inmersas también en su letargo, esperan pacientemente el entraňable calor de primavera, para una vez más completar un nuevo ciclo de vida natural.
Adelina Reyes, Amstedam feb. 2012


CAMINATA INVERNAL